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La
violencia homófoba y la falta de aceptación personal en la
adolescencia siguen a la orden del día.
16 de diciembre de 2007
Fuente: La Opinión de Málaga - Lucas Martín
La relevancia de referentes normalizados. A pesar de las conquistas
sociales del colectivo, David Cedeño, pone el acento en el desafío de
la homofobia, un tipo de violencia que, a su juicio, casi siempre queda
impune. Además, apunta a la necesidad de contar con referentes, algo
que a él le sirvió para zafarse de problemas. Carlos Criado
La violencia homófoba y la falta de aceptación personal en la
adolescencia siguen a la orden del día. La mayoría ha padecido graves
conflictos en su juventud derivados del modelo de educación, "que
nos hace sentir sucios".
Pocos años han resultado tan esforzados y controvertidos para la
población homosexual como el que está a punto de expirar. A la
regulación del matrimonio entre parejas del mismo sexo, se han unido la
sanción de otros derechos de carácter universal que, hasta ahora, se
escatimaban sistemáticamente. La aprobación del Estatuto de Andalucía,
que incita a las instituciones a combatir la homofobia, o la reciente
inclusión de las operaciones de transexuales en el sistema sanitario público
han sabido remendar algunas de las carencias legales. Pero no todo el
balance se antoja positivo.
Junto al reconocimiento del ordenamiento jurídico, se han alzado
sectores en contra de la equiparación de derechos. La asignatura
Educación para la Ciudadanía, que recoge entre sus contenidos el
respeto a la diversidad sexual, derivó en un enfrentamiento dialéctico
y altoparlante con algunas organizaciones. A la luz de polémicas y
sucesos, parecería que existe recelo hacia los homosexuales, pero las
encuestas dicen lo contrario. ¿Es Málaga una provincia homófoba?
Probablemente, la respuesta es negativa. Pero eso no exime de capítulos
de discriminación y desprecio.
En la sede del Colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales
(COLEGA) de Málaga, conocen la crudeza de una sociedad que cataloga
conductas y codifica lo que está bien y lo que está mal. Casi todos
sus asociados han sobrevivido a un proceso paralelo. Falta de aceptación
personal, burlas de amigos y compañeros, culpabilidad y miedo, mucho
miedo.
Regina Burgos, bisexual de 25 años, es un caso felizmente atípico. Ni
su familia ni sus amigos se extrañaron porque saliera con mujeres,
aunque tuvo que soportar visiones que se agarraban al tópico y la
tildaban de "viciosa". "Como si fuera un capricho, yo me
enamoro de la persona y no miro si es hombre o mujer", explica.
Regina, ´Gina´ para los amigos, asevera que no entiende la existencia
de reservas morales hacia algo que, en definitiva, está en consonancia
con los postulados básicos de la mayoría de los credos del mundo.
"No sé cómo puede haber gente que se oponga a que una se
enamore", dice.
La incomprensión también está presente en la vida de Laura García,
aunque, en este caso, como un recuerdo acerbo e indigesto. A pesar del
apoyo brindado por su familia, reconoce que su infancia y adolescencia
estuvo marcada por una confusión de valores que casi siempre se atoraba
muy adentro. Desde niña se fijaba en las mujeres, pero tenía miedo a
admitirlo. Las visitas a la Iglesia, la percepción de que sus deseos no
se ajustaban a la convención y el miedo a que descubrieran sus
inclinaciones. "Me sentía sucia, creía que iba a perder a mis
padres, que era muy malo sentir aquello".
La cosa no mejoró con el ingreso en el instituto, donde fue víctima de
todo tipo de escarnios e insultos. En la universidad, se decidió a
confesarlo, no sin antes recurrir a un psicólogo. "Me faltaba
información, no sabía cómo era el sexo entre mujeres, si se
contagiaba el sida o no", rememora.
Laura, que imparte charlas en centros escolares, considera que la
educación es esencial para evitar años de comezón y sufrimiento.
"Si a mí me hubieran dicho que no pasa nada y que existen diversas
opciones, no habría pasado por un dolor que casi acaba conmigo",
señala.
La experiencia de García es compartida por David Cedeño, presidente de
la asociación, que apela a la estadística y dice que nueve de cada
diez homosexuales no se atreven a reconocer su orientación en la
adolescencia. Lo que para él, es sinónimo de sufrimiento. "Al
final descubres que te han cercenado una parte de tu vida",
asegura.
El actual responsable de la federación no extrae sus conclusiones de
postulados filosóficos, sino de sus propias vivencias. Hasta que se
decidió a acudir a la asociación, su vida estaba jalonada por una
suerte de pánico que se filtraba en todas las facetas. Lo único que
conocía de los homosexuales era la caricatura grotesca que campea en
los recodos más negros del imaginario colectivo. Evidentemente, no quería
parecerse a ella. En su caso, fue la cultura la que vino en su auxilio,
especialmente Luis Cernuda y su poemario ´Los placeres prohibidos´.
"Me di cuenta de que no había una forma de ser gay, sino tantas
como de ser heterosexual".
Cedeño explica que uno de los mayores problemas del colectivo radica en
la falta de visibilidad. Los modelos que se reproducen y salen a la luz
participan de visiones adocenadas. "Ni tenemos por qué ser
artistas, ni tener más sensibilidad. Hay personas de todo tipo",
comenta.
La noción de visibilidad que expone el presidente de Colega no tiene
nada que ver con fiestas e histrionismos del día del orgullo gay.
"Eso está bien, pero es una fiesta, carece de carácter
reivindicativo", reseña. En su opinión, se trata de normalización,
una asignatura aún pendiente en la sociedad. Sobre todo para plantarle
cara a la homofobia, un problema social que no se percibe con la
consideración que merece. "Tú mismo parece como si te
acostumbrases a cierta violencia. La mayoría de las víctimas no
denuncia por miedo a que su familia sepa el motivo". Todavía queda
mucho trabajo por hacer.
La exclusión laboral entre los transexuales
Colega instará a los partidos políticos a incluir en sus programas
electorales una serie de medidas para paliar la exclusión laboral de
los transexuales, un segmento de la población que padece altas cotas de
desempleo y marginación. Según el presidente de la asociación en Málaga,
David Cedeño, buena parte del colectivo se ve abocado a ejercer la
prostitución, oficio que, junto al espectáculo, constituye la salida más
recurrente entre los transexuales. "Al ser visibles los cambios,
tienen muchas dificultades de encontrar trabajo en otros sectores
profesionales". De acuerdo con Cedeño, la población también
adolece de falta de cualificación, una consecuencia derivada del
desencanto y la frustración de la niñez y la adolescencia. "La
incomprensión y los problemas de aceptación casi siempre deriva en
fracaso escolar", comenta.
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