"Tus
emociones no deben ser paralizadoras. No deberían
defenderse. No deberían impedirte ser todo lo
que puedes ser".
Wayne
W. Dyer
Un
caso típico de Depresión
Para María cada día es
una nueva batalla para lograr seguir adelante.
Muchos días no tiene ánimo suficiente ni
siquiera para levantarse de la cama y cuando
su marido vuelve a casa por la noche la
encuentra todavía en pijama y con la cena sin
preparar. Llora muy a menudo y hasta sus
momentos de mejor humor se ven continuamente
interrumpidos por ideas de fracaso e
inutilidad. Tareas tan insignificantes como
vestirse o hacer la compra le resultan muy
difíciles y el menor obstáculo le parece una
barrera infranqueable. Cuando se le recuerda
que todavía es una mujer atractiva y se le
sugiere que salga a comprar un vestido nuevo
contesta, "esto es demasiado difícil
para mí, tendría que atravesar la ciudad en
autobús y probablemente me perdería, además
ya no soy atractiva".
Su forma de hablar y de
andar es lenta y su rostro tiene un aspecto
triste. Antes era una mujer vivaz y activa,
colaboraba en asuntos sociales de su barrio,
le gustaba leer, pintar y era una anfitriona
encantadora. Entonces ocurrieron dos cosas: Su
hijo empezó a ir a la escuela y su marido
fué ascendido a un puesto de gran
responsabilidad que lo obligaba a permanecer
demasiado tiempo fuera de casa.
Ahora ella languidece
pensando si merece la pena vivir y ha jugado
con la idea de tomarse todo el frasco de sus
píldoras antidepresivas de una sola vez.
La
indefensión como posible causa de la
depresión
En el caso anterior hemos
visto aspectos de la indefensión humana
típicos ante la depresión, pérdida del
ánimo, llanto incontrolado, ideación de
ruina, pérdida de interés y pensamientos
suicidas. Estos son una parte de los síntomas
variados que acompañan a los estados
depresivos. La depresión es a la
psicopatología lo que el catarro a la
medicina; nos afecta a todos, pero en mayor
medida a las mujeres (la proporción es de 3
mujeres por cada hombre) aunque la mayor
incidencia de suicidios consumados corresponde
a los varones. La prevalencia es mayor en
mujeres casadas que en solteras. Se ha
demostrado que las mujeres reaccionan de forma
más ansiosa que los hombres frente a las
situaciones conflictivas de la vida.
Seguramente comprendamos el
caso de María porque en uno u otro momento
todas nos hemos sentido con el ánimo
deprimido. Nos sentimos tristes; cualquier
pequeño esfuerzo nos cansa; perdemos el
sentido del humor y las ganas de hacer hasta
aquello que normalmente más nos entusiasma.
Pero dichos estados de ánimo suelen ser
transitorios y al poco tiempo han remitido.
Sin embargo, cuando hablamos de depresión con
la gravedad que impone dicha etiqueta este
estado se instaura permanentemente en nosotras
como si poco a poco fuéramos sumergiéndonos
en un pozo sin fondo del cual nos és
imposible salir.
La mujer deprimida percibe
a menudo fuertes sentimientos de aversión
hacia sí misma; se siente inútil y culpable
de sus insuficiencias. Pueden comenzar a
producirse ataques de llanto, pérdida de peso
e insomnio. La comida no sabe bien, el sexo no
resulta excitante y se pierde todo el interés
por la gente afectivamente ligada a ella. Esta
mujer deprimida puede empezar a tener deseos
suicidas. A medida que sus intenciones se
hacen más serias, las ideas esporádicas se
convierten en deseos; preparará incluso un
plan y lo pondrá en práctica. Hay pocos
trastornos psicológicos que sean tan
debilitadores y ninguno que produzca tanto
sufrimiento como la depresión grave.
Tipos
de estados depresivos y factores comunes
Consideraremos tres tipos
de depresión agrupadas bajo la categoría de trastornos
afectivos
Las tres tienen en común
los siguientes factores:
-
Humor depresivo
-
Pérdida de placer e
interés
-
Inutilidad y
culpabilidad
-
Baja autoestima
-
Incapacidad
-
Pensamientos suicidas
-
Ansiedad
-
Dificultades para
pensar
-
Obsesiones y paranoia
-
Perturbación del
sentido del tiempo
-
Despersonalización (en
casos más graves pueden llegar a sentirse
apartados de la realidad, como si
simplemente fueran observadores sin
participar emocionalmente)
-
Pérdida de energía
-
Lentitud y agitación
-
Trastornos del apetito
y el peso
-
Problemas de sueño
-
Reducción de la
líbido (falta de deseo en las mújeres)
-
Síntomas corporales
(jaquecas, náuseas, dolores varios,
calambres etc...)
Todos estos síntomas
pueden o no estar presentes en la mujer
deprimida, estos son un consenso de todos los
observados a lo largo de la experiencia.
Para que puedas
clasificarte dentro de uno de los tres tipos
de depresión mencionados vamos a definirlos
con más detalle.
Depresión
reactiva
Las depresiones reactivas
son las más comunes y del tipo que a todos
nos es familiar. No presentan ciclos
temporales regulares, por lo general no
responden a las terapias físicas (fármacos)
no se hallan geneticamente predispuestas y si
responden a la terapia cognitivo-conductual.
Este tipo de depresión
normalmente parece coincidir con un
acontecimiento adverso de la vida, tal como la
muerte de un ser querido, el divorcio, las
desavenencias conyugales, los problemas
económicos o los problemas de desempleo. El
inicio de la depresión no tiene porqué
ocurrir inmediatamente después del
acontecimiento, sino, a veces al cabo de unas
semanas o meses. La primera aparición se
produce, normalmente en la vida adulta
temprana y está caracterizada por
sintomatología física y psicológica
variada. Es un estado más benigno y no
psicótico, aunque, hasta cierto punto, la
recuperación se ve influida por factores de
personalidad.
Depresión
endógena
Este tipo de depresiones
son una respuesta a algún proceso endógeno o
interno desconocido. Estas depresiones no son
desencadenadas por ningún acontecimiento
externo; simplemente, se abalanzan sobre la
persona afectada. Por lo general, presentan
ciclos temporales regulares y pueden ser
bipolares o unipolares. La bipolar recibe el
nombre de maníaco-depresiva (el individuo
pasa repetidamente de la desesperación a un
estado de ánimo neutro, de aquí a un estado
maníaco hiperactivo y superficialmente
eufórico, para volver a la desesperación,
pasando por el estado neutro). La unipolar
consiste en una alternancia regular de
desesperación y neutralidad, sin aparición
de manía.
Las depresiones endógenas
responden a menudo al tratamiento con
fármacos y pueden tener un origen hormonal.
También pueden hallarse geneticamente
predispuestas (ej. si la madre es depresiva y
el padre alcohólico es posible que el
descendiente llegue a ser depresivo. Se ha
dicho que en los hombres el alcoholismo es el
equivalente de la depresión en las mujeres) y
sus síntomas suelen ser más graves que los
de las depresiones reactivas.
Depresión
orgánica
Cuando se hace un
diagnóstico de depresión es importante
descartar las bases orgánicas, puesto que el
efecto y la conducta depresiva están
asociadas muchas veces a una lesión cerebral
o a la acción de ciertos fármacos.
Formulaciones
de la depresión en la psicoterapia conductual
Para el tratamiento de las
depresiones más comunes, las reactivas, se
han formulado tres teorías en la psicoterapia
conductual.
Baja
proporción de reforzamiento
Según Lewinsohn la
depresión se debe a una baja proporción del
reforzamiento positivo seguido de respuestas
específicas, bien porque existen pocos
acontecimientos reforzadores en el ambiente
del paciente y porque éste no suele tener
respuestas gratificantes (posiblemente por
falta de habilidades sociales). Según él los
síntomas cognitivos y verbales de la
depresión son consecuencia de la ausencia de
respuestas que crea esta pérdida de
reforzamiento. Es decir, el individuo deja de
hacer más esfuerzos para obtener los
resultados deseados porque los anteriores
fracasaron. La terapia se dirige a identificar
fuentes potenciales de reforzamiento en el
ambiente del paciente y a desarrollar métodos
para aumentar su disponibilidad (entrenamiento
en habilidades sociales).
Pérdida
de control: indefensión aprendida
El defensor de esta teoría
es Seligman y sugiere que una persona se
deprime cuando cree que su conducta tiene poca
o ninguna influencia sobre el resultado de los
acontecimientos, es decir, no tiene ningún
control. La terapéutica incluye:
-
Cambiar la posibilidad
de acontecimientos porvocadores de
depresión con cambios ambientales.
-
Reevaluar las metas y
las normas del paciente para que se vuelva
más realista y reducir la posibilidad de
que insista en el fracaso (pueden
utilizarse varios tipos de terapias
cognitivas para ello).
-
Desarrollar
espectativas de control, por ejemplo,
resaltando la variedad de habilidades
sociales y comunicativas relevantes del
paciente, aumentando el repertorio de
actividades generales de modo que existan
más oportunidades de resultados positivos
y proporcionar estrategias de autocontrol
eficaces.
-
Modificar atributos
poco realistas de los fracasos, resaltando
las circunstancias que impiden el
resultado deseado.
-
Modificar atributos
poco realistas de éxito, resaltando las
cualidades personales relevantes (fomento
de la autoestima).
Distorsiones
cognitivas
Postulado por Beck, sugiere
que el estado depresivo surge de distorsiones
cognitivas basadas en un conjunto de
pensamientos negativos respecto a la visión
del individuo de sí mismo, del mundo y del
futuro. La terapia de dirige a la variedad
creciente de actividades del paciente,
identificando los pensamientos automáticos
que siguen a la percepción de una dificultad,
generando pensamientos alternativos (no
depresivos) de índole más realista y
adaptable, poniendo a prueba la credibilidad
de estas alternativas y modificando los
supuestos inadaptados que parecen caracterizar
los pensamientos automáticos que conducen a
las respuestas depresivas.
Depresión
y suicidio
La enfermedad psiquiátrica
con más riesgo de suicidio es la depresión
(entre un 10 y un 15%). Los momentos de la
enfermedad con más riesgo son cuando
disminuye la inhibición y la melancolía
(empiezan a mejorar) o cuando se inicia la
depresión. Los tres síntomas de la
depresión relacionados con el suicidio son:
Existen varias opiniones
sobre la significación de los síntomas
psiquiátricos en el paciente suicida, aunque
la mayoría de las revisiones nos indican que
en una proporción del 70%, los intentos de
suicidio presentan una condición depresiva
que es fácil de reconocer. Los depresivos
endógenos corren mayor riesgo que los
depresivos reactivos, los intentos de suicidio
son impulsivos, pueden decidirse una hora
antes.
Los intentos de suicidio
son especialmente comunes entre las mujeres
menores de 35 años (más entre 15 y 24
años), los hombres lo hacen en edad más
avanzada. Por clases sociales es más común
en las más bajas, pero más efectivo entre
las clases altas y grupos profesionales de
alto estatus económico.
Factores asociados al
riesgo de suicidio:
-
Mujeres menores de 35
años, hombres mayores de 40
-
Separación, divorcio o
muerte del cónyuge
-
Pérdida inminente de
un ser querido
-
La soledad y el
aislamiento social
-
Problemas económicos,
paro reciente o jubilación
-
Mala salud
-
Ocupación de alto
estatus
-
Depresión (sobre todo
endógena)
-
Enfermedad terminal
-
Problemas con alcohol
y/o drogas
-
Anteriores intentos de
suicidio
-
Historia previa de
trastornos afectivos
-
Historia familiar de
trastrornos afectivos, suicidio,
alcoholismo
-
Indicios suicidas
(avisos o conversaciones suicidas)
-
Preparativos (hacer
testamento, seguros, nota suicida)
En general los pacientes
suicidas están dispuestos a hablar de sus
intenciones y para algunos la necesidad de
desahogarse con alguien que les toma en serio
es terapeuticamente positivo. Cuando existe
la posibilidad de suicidio se le debe
animar a que hable de ello y procurar emplear
tiempo en el futuro para seguir hablando del
tema con lo cual se puede facilitar el ingreso
temporal en una unidad psiquiátrica y/o
proporcionar la ayuda necesaria para atenuar
la circunstancias que provovan el intento
suicida.
Gloria
Marsellach Umbert - Psicólogo
Bibliografía
consultada:
Mackinnon y Michels, "Psiquiatría
Clínica aplicada", Ed. Interamérica
Carnwath y Miller, "Psicoterapia
conductual en asistencia primaria", Ed.
Martinez Roca
Martin Seligman, "Indefensión", Ed.
Debate